La Cuestionable Solidez de los Postulados para la Elección y Aplicación de Tipografía en Productos de Diseño (Tesis de Licenciatura: Parte I)

     Las leyes que rigen al universo y por ende al hombre nunca cambian, pero aquellas reglas que el hombre establece, lo hacen junto con él. En el final del siglo XX e inicios del siglo XXI, la sociedad humana y el mundo han cambiado radicalmente a raíz de los adelantos en cuestión de sociedad y tecnología.  Indiscutiblemente, el ser humano ha tenido que transformar su forma de pensar conforme a dichos avances, uno de los ámbitos que ha cambiado notablemente son las ciencias humanísticas, en específico el diseño gráfico y en especial la creación y empleo de la tipografía. Lo que en un principio era solamente un medio de representar el lenguaje en forma gráfica y por tanto un medio de comunicación, pasó a tener una carga estética y una influencia notables en nuestro modo de percibir los mensajes. Lo que era elegante hace tiempo no lo es en la actualidad. Por ejemplo; antes de la escritura caligráfica la escritura elegante era de otro estilo y hoy en día, en algunos casos, la letra más elegante es aquella que es nítida, limpia y con una proporción y homogeneidad altas. Ahora, existen reglas que se consideran prácticamente inquebrantables respecto al uso de tipografía, sin embargo, algunas de estas sólo han sido transmitidas de maestros a alumnos, sin que posiblemente exista una base sólida que argumente el porqué de estas normas. Con el cambio de la mentalidad humana viene también un cambio de percepción, lo que lleva a los diseñadores de las nuevas generaciones a replantearse los fundamentos con los que son educados. A pesar de esto, algunos autores instan a desobedecer, por decirlo así, dichos preceptos,  Marioni (1989, pág. 19) nos dice -en su libro Tipografía Creativa- que es divertido y necesario hacerlo en cualquier disciplina. Por otro lado la época en que cada tipo es creado influye directamente  sobre el diseño de este, tenemos el caso de las capitales romanas que fueron diseñadas teniendo muy presentes los conocimientos matemáticos y la apreciación estética de dicha época, que se reflejan en las proporciones perfectas –por así decirlo- de dichas letras. Sin embargo, así como las modas pasan y las tendencias cambian, la tipografía que en su momento es diseñada con el fin de cubrir una necesidad o propósito pasa a ser utilizada en otro una vez que ha desempeñado aquel por el que fue creada primordialmente. Tal como menciona Kane (2005, pág. 81):

 Los prejuicios sobre el aspecto que una cosa debería tener suelen interferir en el diseño eficaz y adecuado del mensaje con el que se está trabajando. La formalidad de una invitación de boda, por ejemplo no está necesariamente vinculada a un texto centrado; ni tampoco a la tipografía escripta.
De esta forma se deduce que los prejuicios abundan en el campo de la tipografía y esto nos lleva a pensar en que posiblemente los postulados respecto al uso y elección de tipografía están dados, en primer lugar,  por los estereotipos sociales, es decir, que las ideas preconcebidas de una sociedad determinada influyen en su forma de desempeñarse en el diseño –en este caso el diseño gráfico-; en segundo lugar, por los estereotipos respecto a la tipografía misma, teniendo en cuenta las reglas o preceptos que se han adjudicado al uso y selección de esta a lo largo de su desarrollo y que dejan marcada una tendencia o inclinación generalmente aceptada; y en tercer lugar, por la ausencia de nuevas propuestas alternativas e innovadoras en el campo tipográfico que –aunque no están ausentes- representan una clara tendencia  a normalizar o estandarizar el uso y empleo de determinadas tipografías para fines específicos,  dejando poca oportunidad para proponer nuevas formas de resolver problemas visuales asociados con la tipografía pues –como menciona Kane (2005,pág.81), anteriormente citado- “los prejuicios sobre el aspecto que una cosa debería tener suelen interferir en el diseño eficaz y adecuado del mensaje con el que se esta trabajando”. Dicho esto analizaremos con mayor profundidad los tres puntos mencionados


Estereotipos Sociales

     En primer lugar, analicemos el efecto de  los estereotipos sociales. Según la Real Academia Española (RAE), estereotipo se puede definir como una “Imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable”. Es decir, un estereotipo tiene su base en una convención social que es aceptada por la mayoría de los miembros de esta y que, al ser de carácter inmutable, no cambia, por lo tanto, da origen a ideas preconcebidas sobre ciertos asuntos, personas, circunstancias y pensamientos. Veamos por ejemplo el estereotipo social concerniente a la forma de vestir, tomando como caso la vestimenta de una  cultura como la mexicana, cuyo estereotipo alrededor del mundo es que un mexicano debe tener bigote, usar botas y traje de charro, en el caso de los hombres; o vestir con reboso, falda larga o algún traje típico, en el caso de las mujeres. 
     Los estereotipos están presentes en casi todo campo de la actividad humana  y el diseño gráfico no es una excepción, por tomar un ejemplo; al momento de representar una idea de forma gráfica, los estereotipos están dados por la percepción de la sociedad de acuerdo con la época en que se generan. Podemos tomar como referencia la representación de los íconos para identificar el baño de hombres y el de mujeres, en estas representaciones, el ícono referente a la mujer aparece casi siempre con una falda, sin embargo, a finales del siglo XX y principios de XXI la mujer prácticamente no utiliza esa prenda en su vida diaria. Lo que nos lleva a pensar que –así como la representación gráfica de un género puede ser funcional pero anticuada- los medios de elección tipográfica están condicionados por la situación social. Para contextualizar un poco podemos recordar que en tiempos en que la Revolución Industrial estaba iniciando, la tipografía sufrió un gran cambio gracias al modo de pensar de aquellos que la utilizaban, ya no era necesario realizar los moldes ni fundir los tipos a mano (refiriéndonos al trabajo artesanal de tallar, punzonar y fundir el metal para vaciarlo en la matriz, pues este proceso se empezó a llevar a cabo de manera industrial), los tipógrafos ya no estaba limitados por el material ni por las herramientas manuales, con lo que surgió, por un lado, una gran experimentación en cuestión de diseño de letras, y por el otro una conciencia cada vez más despierta respecto a la legibilidad y funcionalidad de los tipo nuevos que eran generados. La llegada de la era de las máquinas trajo consigo una tendencia a hacer todo –mobiliario, arquitectura, utensilios de cocina, tipografía, etcétera- lo más simple posible con tal de facilitar su producción en masa, se eliminaron ornamentos, adornos y  piezas que no eran funcionales en sí dándole a las máquinas el “control” -por decirlo de alguna manera- de lo que podíamos producir o no.  Esto dio origen al pensamiento de que todas las cosas que eran hechas a mano  podían ser producidas mediante la maquinaria y por consiguiente se fijaron estándares de qué  puede o no ser  hecho industrialmente. No era posible realizar objetos ornamentales y muy adornados en máquinas de la época, lo que dio a las cosas simples y pulcras el auge y por ende  el aire industrial y contemporáneo que hoy poseen, por decirlo de alguna manera: en el pensamiento de la era industrial lo simple es igual a contemporáneo y lo ornamental es igual a artesanal. Sin embargo las maquinas por control numérico (CNC, por sus siglas en inglés Computer Numerical Control) de ultimas generaciones permiten la programación por medio de coordenadas y códigos que pueden emplearse en la fabricación de ornamentos  por medio de maquinado sobre madera, metal, y otros materiales sin mayor problema, por lo que el hecho de que los objetos de mobiliario u otros objetos considerados de diseño sigan llamándose contemporáneos obedece simplemente a una idea preconcebida en la época de la Revolución Industrial, un claro estereotipo ya que cualquier diseño artesanal puedes reproducirse perfectamente  usando las máquinas actuales.

     Con lo antedicho podemos darnos cuenta de que los estereotipos sociales han jugado un papel fundamental en la forma de pensar  y de actuar de la mayoría de las personas.  Tomemos por ejemplo el graffiti, al ver a alguien por las calles rayando paredes con pintura en aerosol fijó en la mente de la sociedad una asociación negativa respecto a tal práctica, lo cual tenía por completo una justificación, sin embargo, en la actualidad, el mundo está lleno de artista de graffiti que son reconocidos por su buen trabajo y habilidad con esta técnica, personas que no son en ningún momento delincuentes pero que siguen estigmatizados por el origen de esta práctica. A pesar de esto, la cultura del graffiti ha tenido una fuerte influencia en lo que respecta al diseño de tipografía ya que estos artistas comenzaron a realizar esta actividad con el fin de “marcar territorio” y lo hacían de manera visual por medio de la escritura, poco a poco cada vez más llamativa hasta llegar al diseño de letras altamente intrincado e ilustrado en algunas ocasiones imposible de leer excepto por los autores, pero con una riqueza visual y social notables. Este se puede considerar como un claro ejemplo de la influencia que reciben las expresiones y representaciones gráficas por parte de las ideas preconcebidas por la sociedad, pues el ver un graffiti hoy en día generalmente (a pesar de su gran valor estético y pragmático) es asociado con el vandalismos y la delincuencia sin ser esto necesariamente cierto, lo que nos lleva al segundo punto de análisis respecto a los prejuicios ahora en el campo gráfico.

Fin de la parte I (Esta tesis a manera de artículo fue realizada en Noviembre de 2012 por Silverio Contreras para obtener el título de licenciatura en Diseño Gráfico)

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